En resumen, la guerra trae consigo destrucción, matanza y daño. Sin embargo, si la analizamos en el contexto de la evolución biológica, sus efectos generales son positivos y beneficiosos. La guerra y su presión, como presiones ambientales, impulsan la evolución biológica. La guerra es la única herramienta para determinar la composición de especies del ecosistema terrestre. Mediante la guerra, se establece un sistema complejo e intrincado de posiciones ecológicas en la Tierra. Dentro de una misma especie, la guerra es también el medio dominante para establecer un orden interno de asignación de recursos. Además, la guerra es una herramienta eficaz para prevenir o ralentizar la autodegradación de las especies (incluidos los humanos).
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